Llevas jardines lejanos
la hiedra te crece oscuramente
en tus rodillas
penden frutos como cuencos
de sangre
marean los olores ebrios de su pulpa
tienen ojos fijos
intensa mirada
de Cristo irredento
y te atraviesan
te devastan sus espinas
vuelven para perforar
la médula del aire
hay frutos llamados
oscura promesa
y ese magnetismo en el que caes
caes
en profundos pactos de sometimiento
y fuiste llevada
por ti
por la búsqueda
cayó el látigo en la espalda de dios
y dios en tu espalda:
la Vida