El Duncan parte en busca del capitán Grant, que ha naufragado en los mares australes y se encuentra prisionero de los indios de la Patagonia, según parece deducirse por un confuso mensaje encerrado en una botella hallada en el vientre de un gran pez. A bordo del magnífico yate inglés viajan Mary y Robert, los hijos del capitán desaparecido, y el curioso Jacques Paganel, destacado geógrafo francés tan famoso por su erudición como por su distracción. Los puntos poco claros del mensaje, los azares de la navegación y la traición de algunos falsos compañeros llevan a los miembros de la expedición de América a Australia a través de una serie de increíbles aventuras.
Julio Verne fue un auténtico best seller en su época y disfrutó de la admiración de Tolstoi, Turgueniev y George Sand entre otros. En nuestros días sigue gozando de la misma popularidad, y Ray Bradbury o Fernando Savater son algunos de sus lectores incondicionales. Los hijos del capitán Grant es también una de las novelas preferidas de Michel Butor, que considera a Verne «uno de esos sitios privilegiados que nos permiten comprender dónde estamos».
La admiración que ha despertado Julio Verne a lo largo de los
años es difícilmente comparable a la de cualquier otro autor, pues lo que ofrece Verne es tan genuino como inimitable.
El hallazgo de una botella en el estómago de un tiburón es el
punto de partida de una de sus más célebres novelas, Los hijos del capitán Grant, un espléndido viaje que lleva al lector desde la Pampa argentina hasta Australia, a bordo del Duncan y en compañía de personajes inolvidables: los hijos de Harry Grant, Mary y Robert, el intrépido capitán lord Glenarvan y el singular geógrafo y aventurero Jacques Paganel. Perdido desde hace dos años junto con su barco, el Britannia, y conociendo sólo la latitud del lugar en que naufragó, la búsqueda del capitán Grant es una aventura en el más puro sentido de la palabra. No hay a bordo momento para la relajación, y la sorpresa espera al lector agazapada tras cada página.