Yo llevaba una ilusión tremenda, pero tenía miedo de las revisiones. La enfermera se llamaba Conchita y cuando me fue a auscultar, intenté salir corriendo.
Nos fijábamos en la gente y hacíamos amistad en la sala con otras personas. Había un momento clave y era cuando oías abrir poco a poco las persianas de una sala que había y empezabas a escuchar los gritos de emoción de "¡Estoy viendo!" Yo soñaba con ese momento, pensaba: "Cuando a mí me operen seguro que voy a gritar"