11 de abril de 2002. El alto mando militar de las Fuerzas Armadas Nacionales se niega a cumplir la orden de Chávez de sacar tropas a la calle para reprimir la marcha pacífica que se dirige a Miraflores.
Desposeído de poder, opta por renunciar al cargo.
A las 04:30 del día siguiente el capitán Blondell recibe la orden de presentarse de inmediato en el 35 Regimiento de Policía Militar para cumplir con una misión muy especial. Al llegar se entera de que va a tener que proteger la vida de Chávez, que se encuentra bajo custodia y a la espera de ser trasladado a Cuba. Después de presenciar sus lamentos en La Orchila, poco antes de su regreso al poder, el capitán Blondell es acusado de haber privado de libertad y maltratado al entonces expresidente. Ahí se inicia un periodo de torturas, persecuciones y hostigamientos que desemboca en los pronunciamientos militares de Altamira y, más tarde, en su exilio a Uruguay.