Los personajes de esta novela tan atípica y brillante van contando sus historias como sin querer, volviendo la cara, pero retratándose cada vez que dicen una palabra o hacen un gesto. Y sus narraciones, que inicialmente no tienen nada que ver y parecen proceder de mundos distintos, acaban dirigiéndose a la montaña sin remedio. Suben, bajan, se enfrentan, se rompen, disfrutan, revientan.